DOCUMENTO POLÍTICO 3J NI UNA MENOS

APDH Nacional

Volvemos a encontrarnos en las calles para decir basta. Basta de un sistema que sigue abandonando a mujeres, niñas y diversidades a la violencia, la precarización y la muerte. Hoy, más que nunca, sostenemos la memoria de quienes ya no están y abrazamos la lucha incansable de familiares, organizaciones y movimientos que siguen reclamando justicia frente a cada crimen de odio y cada vida arrebatada.

El gobierno de Milei profundiza políticas de ajuste, saqueo y empobrecimiento que golpean especialmente a mujeres, lesbianas, travestis, trans y sectores populares. El desmantelamiento de políticas públicas, el vaciamiento de programas de prevención y asistencia, el cierre de espacios de acompañamiento y la ausencia total de perspectiva de género no son hechos aislados: forman parte de un proyecto político que abandona a las víctimas y garantiza privilegios para unos pocos mientras condena a las mayorías al hambre, la exclusión y la violencia.

Repudiamos los discursos de odio promovidos desde el poder político, mediático y judicial, que buscan legitimar la discriminación, negar las desigualdades estructurales y atacar conquistas históricas del movimiento feminista y de la diversidad. Cuando se ridiculiza la violencia de género, cuando se niega la existencia de femicidios o se persigue a quienes defienden derechos humanos, se construye un clima social que habilita más violencia y más impunidad.

Las violencias machistas no ocurren en el vacío: crecen en contextos de pobreza, dependencia económica, exclusión y ausencia estatal. Cada recorte en salud, educación, políticas sociales y derechos laborales tiene consecuencias concretas sobre las vidas de quienes sostienen comedores, cuidan, trabajan en condiciones precarias y enfrentan situaciones de violencia sin redes ni respuestas institucionales. No hay libertad posible en un país donde miles de niñas, mujeres y diversidades aprenden a vivir con miedo.

Mientras cercenan los derechos que tanto nos costó conseguir, se invierten los recursos del Estado en perseguir a víctimas de violencia, a los profesionales que las ayudan, a las comunicadoras que echan luz a la invisibilización y manipulación mediática que reproduce estereotipos de género cada vez más retrógrados. Necesitamos tener un Estado que nos aliente a denunciar violencias, no a callarlas. Necesitamos más protección y menos represión.

Los femicidios de Agostina Vega en Córdoba, de Dulce María Beatriz Candia en Misiones y de Noelia Carolina Rivero en Buenos Aires vuelven a mostrar la dimensión trágica de la violencia machista que atraviesa nuestro país. Sus nombres se suman a una dolorosa lista de mujeres y niñas cuyas vidas fueron arrebatadas por la violencia patriarcal, recordándonos que cada femicidio representa una ausencia irreparable y una profunda deuda social e institucional. Frente a este horror, el reclamo de justicia, memoria y políticas efectivas de prevención sigue siendo una urgencia ineludible.

Exigimos presupuesto real, capacitación obligatoria, acceso a la justicia y reparación para víctimas y sobrevivientes, acompañamiento territorial y un Estado presente.

Por todas las que faltan. Por las víctimas de femicidios, travesticidios y transfemicidios. Por quienes siguen luchando y organizándose en cada barrio, escuela, sindicato y organización social.

Porque vivas, libres y con derechos nos queremos.

Porque el silencio nunca será una opción.

Ni una menos. Nunca más.